Iba yo caminando, un día cualquiera, por la calle 10 del poblado, a pocos pasos de llegar al lleras a sentarme en aquel lugar que tanto me gustaba para poder pedir esa bebida que tantos recuerdos me traía, cuando de pronto vi a una mujer alta, rubia, con ojos azules, con facciones tan delicadas en su rostro que casi parecía una muñeca, con un tono de piel tan blanco como la leche, con un peinado y una vestimenta que simplemente gritaba desde todos los ángulos que era extranjera. Aquella mujer tan deslumbrante que tenía algo en particular, que aún no logro descifrar que era, tal vez su peculiar anillo de zafiros que reflejaban con la luz del sol en ambos lados esas luces que parecían pequeñas hormiguitas o tal vez esa sonrisa tan perfecta que casi cegaba con tanta blancura.
Ella estaba allí sentada en toda una esquina de la peluquería Dario Zuleta con una cara de haberse extraviado y de necesitar ayuda, cuando me acerque hacia ella, lentamente pude observar con mayor detención que de verdad ese anillo de zafiros era realmente sorprendente, pues todo el anillo era de solo zafiros cuyo interior poseía una bandera de algún país, así que luego de un rato empecé la conversación con ella, pero no una simple conversación si no tal vez la mejor de todas y la mas amena que yo halla podido sostener con una mujer extranjera como ella, preguntando que significaba cada bandera, a la cual ella me respondió que era un pequeño recuerdo para que no se le olvidaran los países mas hermosos que había visitado, y adivinen qué? una de las banderas que tenía era de Colombia, lo que la volvió un tris mas interesante de lo que se veía y así sucesivamente seguimos la tarde donde...
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